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HABRÁ AVIVAMIENTO
A veces pareciera que a los creyentes no les importara lo que hace la gente que los rodea. O si hablan de ello lo hacen de una manera fría, dura, con reproches y sin compasión, como si ya los incrédulos no tuvieran remedio. Pero debe ser la conducta de los perversos lo que lleve a los creyentes a orar.
Un indicador claro del poder espiritual que actúa en la vida del creyente debe ser que la maldad de los malos le cause incomodidad, lo aflija, lo abrume, de tal manera que toque el corazón y pueda llorar de día y de noche hasta verlos rendidos a Cristo. Cuando éste hecho mueva a los creyentes a postrarse de rodillas en oración a Dios, con lágrimas y fuertes clamores, podrán estar seguros de que habrá un poderoso avivamiento del Espíritu.
Cuando parece que el enemigo estuviera logrando algo en oposición a la obra de Dios, pueden ocurrir dos cosas: o los creyentes son atraídos por esa fuerza de maldad, o los creyentes ven como única salida buscar el rostro de Dios y suplicar por la salvación de los incrédulos.
No importa, entonces, que el infierno hierva, si quiere, y que vomite tantos demonios como le sea posible, si ello lleva a los creyentes a acercarse a Dios con el fin de propiciar un avivamiento. El infierno no estorbará la poderosa obra del Espíritu Santo. |
El testimonio de avivamiento, prosperidad y restauración en países de África y América Central, ha sido consecuencia de esa conmoción espiritual y dolor por el pecado de la nación lo que hizo que los creyentes se humillaran y oraran creyendo que la oración desencadenaría el fuerte abrazo del Señor moviéndose en avivamiento para que la tierra fuera sanada del pecado
“PORQUE VENDRÁ EL ENEMIGO COMO RIO, PERO JEHOVÁ PLANTARÁ BANDERA”
Oremos: Señor, yo quiero de los creyentes que en lugar de contagiarse del pecado circundante o reprochar insensiblemente al pecador, pueda postrarme ante ti con lágrimas, suplicando que tu poder se manifieste en sus vidas para salvación. AMEN |
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